Los peatones tienen la culpa

Cualquiera que vea un reportaje sobre accidentes de tránsito, o lea un artículo sobre el tema, posiblemente ha visto que los medios suelen tomar solo el ángulo de la responsabilidad del peatón.

Es fácil decir que la persona que trata de ganarle en velocidad al auto ha sido atropellada por imprudente o irresponsable, pero también es mostrar una versión incompleta de la realidad.

Ir, confrontar, culpar, esto es la parte fácil de la noticia. La periodista comenta cómo los peatones “imponen sus propias reglas” pero en ningún momento pregunta ¿por qué estas personas escogen arriesgarse así? Incluso el “Gerente de Seguridad Ciudadana” (asumo de la Policía o Municipalidad de Lima) afirma “ellos creen que por su condición de peatón tienen la preferencia”.

Sí. La autoridad encargada de la seguridad de los peatones afirma que los peatones cometen un error en creer que los autos deben evitar matarlos.

¿Cuesta mucho indagar en el problema? No necesariamente: quizá la intersección tiene mala señalización, quizá los conductores no ven claramente los semáforos, los tiempos de estos están mal configurados, etc.

Hacerse esas preguntas es más complejo que culpar a las víctimas. La complejidad asusta, te hace pensar que la gente va a cambiar de canal, que las explicaciones no venden. ¿Cómo culpar a la periodista? Sin audiencia no hay cheque a fin de mes, y si ella no quiere hacer el reportaje entonces hay otros cinco aspirantes esperando a tomar su lugar.

Es incómodo enfrentarse a una realidad que puede cambiar si es que los ciudadanos lo exigen con sus votos, pero esto significa que, como no lo hacemos, nuestra indiferencia se convierte en responsabilidad, esos muertos no son familia ni amigos, pero se vuelven nuestros.

Culpar a los muertos es más fácil, señalarlos y decir que “así es la gente”, “ignorantes”, “imprudentes”. Decir eso es decir que no podemos tomar ninguna acción, no es nuestra responsabilidad. Ya no nos importa. Esos muertos son de sus familias.

Hacer crecer la lista de “cosas que pueden matarme cuando salgo a la calle” no es la solución. Tener más cuidado cuando se camina es solo aliviar el síntoma, es como salir a la calle con los bolsillos vacíos porque no se puede poner un pie en la calle sin ser asaltado, y “ya pues, así es la ciudad”.

No ayuda que localmente el auto sea un símbolo de madurez personal y financiera. Nadie espera que el gerente general del BCP ande en taxi, o, Dios nos libre, ¡camine!

No es difícil pues, que un conductor asuma que aquellos que no tienen un auto simplemente no han madurado lo suficiente, no son ciudadanos completos, no valen lo mismo que él o ella. ¿Por qué perder tiempo en dejarte pasar, si yo compré un auto para moverme más rápido? ¿Por qué darte el pase si claramente no has madurado como yo?

La idea no tiene que ser consciente para influir en la conducta de quienes manejan. He visto magníficos seres humanos convertirse en trogloditas detrás del timón, sé que si leyeran este artículo no se reconocerían como parte del problema. Es más, posiblemente lo compartirían apoyando la idea.

Todos podemos influir en esto exigiendo a los candidatos que piden nuestros votos que en lugar de ofrecernos más pistas en las cuales chocar o ser atropellados, nos ofrezcan pistas y veredas que balanceen la relación entre el auto y el peatón, que nadie pueda imponerse a nadie, y sobre todo, que nadie mate a nadie.

Si seguimos creyendo que es un problema irrelevante porque ya pronto tendremos auto, y entonces nadie nos podrá atropellar, entonces no tenemos de qué quejarnos si camino a recoger nuestro auto nuevo, nos volvemos parte de la estadística de accidentes.


Ver también:

Actualización: Paul me comenta con este genial video acerca de la historia detrás del término “jaywalking” (cruzar en cualquier lugar de la calle). ¡Muy bueno!